jueves, 13 de febrero de 2014

DE LOS LIBROS

Cierto que existe la paz, pero no una que more en nosotros permanentemente y que jamás nos abandone.  Solo existe una paz por la que hay que luchar sin desmayo y cada día.

...y talvez llevar una vida como la de Goldmundo no fuera tan solo más inocente y más humano, sino que también, a la postre, fuera más valiente y más grande abandonarse a la violenta confusión y al torbellino, cometer pecados y cargar con sus amargas consecuencias, en vez de llevar una vida pura apartado del mundo, con las manos limpias, y construirse un hermoso jardín intelectual lleno de armonía y pasearse sin pecado entre sus resguardados macizos.

Narciso y Goldmundo, Hermann Hesse

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