viernes, 29 de noviembre de 2013
REGALARSE SHANTALA
El siglo pasado caminando por Calcuta, el Dr. Frédéric
Leboyer vio por primera vez a una mujer hindú masajeando a su bebé en el patio
interior de su casa. Su sorpresa ante
esta visión le obligó a detenerse y mirar con atención.
Con sus manos, la mujer tomaba el aceite de un cuenco y
luego de calentarlo en ellas, frotaba al bebé en un vaivén relajante, cálido,
firme, seguro. Masajeaba con ritmo,
concentrada, serena. Vio, como a los
pocos minutos, el bebé se soltaba, se dormía…
La experiencia de masajear a su bebé o su hijo/a produce
necesariamente una sensación tanto en la madre o el padre (quien esté
aplicándolo) como en el niño/a; la suave piel acepta sin cuestionar, la mano
cálida entrega sin juzgar; se abre una vía de comunicación que es puro amor,
que fluye sin necesidad de explicaciones y que perdura a lo largo de la vida.
Se lo practica en
un ambiente cálido desde que el bebé es muy tierno. Es una forma de aprenderse juntos a través
del contacto de su piel, con aceite tibio, con la mirada en la mirada…
Emocionalmente, Shantala, que así se llama el masaje,
promueve la estabilidad, la alegría, la autoestima de nuestros hijos. A través del masaje, ellos reciben el mensaje
de amor que les transmitimos y los padres, a nuestra vez, recibimos el suyo
puro y multiplicado.
Más efectos: un
niño confiado, afirmado, positivo, con la sensación de ser importante y con
ganas de vivir poniendo fuerza y alegría.
Físicamente estimulará su sano desarrollo, sus músculos se
fortalecerán, al igual que sus huesos y su piel. Estará
relajado, dormirá tranquilo, tendrá un buen funcionamiento de su estómago e
intestino, tendrá buen riego sanguíneo y circulación, sistema inmunológico
reforzado, respiración profunda.
Se verá contento, querrá empezar a hablar y caminar más
rápidamente, pero sobre todo, habrá una conexión familiar positiva y profunda
que será un apoyo fundamental en todas las instancias de su vida.
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