“En el vientre de la
madre, la vida era de una riqueza infinita.
Sin hablar de los
ruidos y los sonidos, para el niño todo estaba
constantemente en
movimiento.
Puede darse que la
madre se levante y camine, que se dé vuelta y se agache,
o que se ponga en
puntas de pie, que limpie las legumbres o maneje la escoba…
Cada cosa es una ola,
cada cosa es una sensación para el niño.
Y aunque la madre
descanse, aunque tome un libro y se siente o aunque se acueste y se duerma, no
por eso cesa su respiración cuya tranquila marejada, cuya resaca, continúa
acunando al bebé.”
“Y después,
pasada la tempestad
del nacimiento,
el niño está ahí,
solo, en su cuna”.
“Si los bebés gritan
cada vez que se despiertan, no es porque el hambre los atenace. No están muriendo de inanición. Están aterrados por la novedad de la
sensación. Por ese “algo dentro” que
toma proporciones inmensas justamente porque, afuera, el mundo ha muerto”.
Fréderic Leboyer
Shantala
La separación de la madre con su hijo marca el camino de su
nueva vida. De nosotros depende que esa
etapa se viva como la transición que es y no como una ruptura. Amarlos, alimentarlos, abrazarlos; es lo que hacemos.
Propongo la posibilidad de nutrir su piel con la misma
dedicación sintiendo que, a través del masaje, le devolvemos a nuestras hijas e
hijos, las sensaciones vividas en el vientre materno, la seguridad, la paz, la
presencia, el abrigo.
Minimizamos el miedo que nace del desierto de lo desconocido
y le brindamos calor y alimento para su piel y su alma; confianza y estabilidad
para facilitar su adaptación en la nueva circunstancia.
Le damos la bienvenida, restablecemos el equilibro. Alimentamos tanto su interior como su
exterior. Le damos su leche y le damos
masaje; de esta forma hablamos a su espalda, a su piel, a su alma, que tienen
sed y hambre también.
Sorprende cómo el contacto genera alegría tanto en la
madre, como en su hija o hijo, cómo se
restablece de inmediato el reconocimiento, cómo la confianza crece y toma su
lugar.
Con ese estímulo de amor, los bebés crecen sanos en todos
los aspectos; físicamente desarrollan y refuerzan su musculatura, su capacidad
de estar presentes, de aprender, de mirar a los ojos, de abrirse al mundo;
emocionalmente son positivos, alegres, con un buen nivel de autoconfianza y
autoestima.
Shantala es el masaje para bebés y niños pequeños. La India es la cuna de este tipo de masaje
que se convierte en un regalo para la familia.
La conexión que se potencia a través de esta actividad, crea
lazos fuertes donde padres e hijas/hijos se identifican, donde hay claridad,
donde no se necesitan palabras, donde el amor fluye sin barreras…y esto es para
siempre.
Shantala no es un simple masaje, es un medio para
profundizar los lazos de amor con nuestros hijos e hijas y que se proyecta
incluso más allá de su tierna infancia; cuando cambien los dientes, cuando se
hayan caído en la escuela, cuando tengan dolores de crecimiento, cuando
empiecen su adolescencia, cuando estén tristes o cansados…
En la agitación de la vida cotidiana, Shantala es útil no
solo para las madres, sino también para los padres, abuelas/los, personas que
trabajen con niños o que cuiden de ellos.
Carmen Tapia