El yoga es una manera de
vivir, una puerta que permanece abierta desde siempre y hasta que
queramos. Es una forma de juntar y
equilibrar lo que somos, de acceder a nuestro interior, de identificar nuestras
virtudes, de aceptar nuestras limitaciones y de vivir motivados.
Iniciarse en el yoga es una
aventura completa; toma tiempo comprender, comprenderse en el proceso y
permitirse crecer.
Los primeros pasos son
importantes; aprender yoga requiere paciencia, concentración y constancia;
nuestro cuerpo y nuestra mente se relajan y evolucionan a través del
tiempo. Conviene realizar la práctica
por el placer de hacerla, entregarse sin esperar nada: aceptar que podemos
hasta donde podamos es el primer paso para progresar.
Es motivo de felicidad saber
que hay mucho por descubrir, esa es una de las características fundamentales
del yoga como lo es de la vida; el yoga no se acaba, ni se acabará. Una misma postura jamás es la misma, cambia
como una cambia y eso es muy estimulante, sin contar con que existen infinidad
de posturas y otras áreas para cultivar.
El yoga combina fuerza,
enfoque, flexibilidad y equilibrio. Nos
ayuda a desarrollar la capacidad de
centrar, de respirar profundamente, de
explorar la valentía, la aceptación propia, a sentir la paciencia, la
relajación, el trabajo consigo mismo sin competencia, con amor.
La práctica constante,
consciente y respetuosa permite alcanzar resultados. Al inicio es poco lo que se puede ejecutar,
paulatinamente, cuerpo y mente incorporan los aprendizajes y notamos el avance.
Acceder a esta disciplina
significa abrirse completamente a una visión desde nuestro mundo interior, enriquecerlo
y con ello amarnos, amar y respetar lo que es y existe.
Carmen Tapia
