martes, 19 de febrero de 2013

SHANTALA: Cuando no se necesitan palabras y el amor fluye sin barreras…


“En el vientre de la madre, la vida era de una riqueza infinita. 
Sin hablar de los ruidos y los sonidos, para el niño todo estaba
constantemente en movimiento.
Puede darse que la madre se levante y camine, que se dé vuelta y se agache,
o que se ponga en puntas de pie, que limpie las legumbres o maneje la escoba…
Cada cosa es una ola, cada cosa es una sensación para el niño. 
Y aunque la madre descanse, aunque tome un libro y se siente o aunque se acueste y se duerma, no por eso cesa su respiración cuya tranquila marejada, cuya resaca, continúa acunando al bebé.”

“Y después,
pasada la tempestad del nacimiento,
el niño está ahí, solo, en su cuna”.

“Si los bebés gritan cada vez que se despiertan, no es porque el hambre los atenace.  No están muriendo de inanición.  Están aterrados por la novedad de la sensación.  Por ese “algo dentro” que toma proporciones inmensas justamente porque, afuera, el mundo ha muerto”.
Fréderic Leboyer
Shantala

La separación de la madre con su hijo marca el camino de su nueva vida.  De nosotros depende que esa etapa se viva como la transición que es y no como una ruptura.  Amarlos, alimentarlos, abrazarlos; es lo que hacemos.

Propongo la posibilidad de nutrir su piel con la misma dedicación sintiendo que, a través del masaje, le devolvemos a nuestras hijas e hijos, las sensaciones vividas en el vientre materno, la seguridad, la paz, la presencia, el abrigo. 

Minimizamos el miedo que nace del desierto de lo desconocido y le brindamos calor y alimento para su piel y su alma; confianza y estabilidad para facilitar su adaptación en la nueva circunstancia. 

Le damos la bienvenida, restablecemos el equilibro.    Alimentamos tanto su interior como su exterior.  Le damos su leche y le damos masaje; de esta forma hablamos a su espalda, a su piel, a su alma, que tienen sed y hambre también.

Sorprende cómo el contacto genera alegría tanto en la madre,  como en su hija o hijo, cómo se restablece de inmediato el reconocimiento, cómo la confianza crece y toma su lugar.

Con ese estímulo de amor, los bebés crecen sanos en todos los aspectos; físicamente desarrollan y refuerzan su musculatura, su capacidad de estar presentes, de aprender, de mirar a los ojos, de abrirse al mundo; emocionalmente son positivos, alegres, con un buen nivel de autoconfianza y autoestima.

Shantala es el masaje para bebés y niños pequeños.  La India es la cuna de este tipo de masaje que se convierte en un regalo para la familia. 
La conexión que se potencia a través de esta actividad, crea lazos fuertes donde padres e hijas/hijos se identifican, donde hay claridad, donde no se necesitan palabras, donde el amor fluye sin barreras…y esto es para siempre. 

Shantala no es un simple masaje, es un medio para profundizar los lazos de amor con nuestros hijos e hijas y que se proyecta incluso más allá de su tierna infancia; cuando cambien los dientes, cuando se hayan caído en la escuela, cuando tengan dolores de crecimiento, cuando empiecen su adolescencia, cuando estén tristes o cansados…

En la agitación de la vida cotidiana, Shantala es útil no solo para las madres, sino también para los padres, abuelas/los, personas que trabajen con niños o que cuiden de ellos.  

Carmen Tapia

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