Entendemos como fluir, el acto de permitir que los acontecimientos se ubiquen en la dimensión que les corresponde y hallen la vía para resolverse sin dejarnos solos, tristes, fracasados o extenuados.
La vida que fluye es un arte que nada tiene que ver con la magia. Somos seres humanos que formamos un todo : cuerpo, mente-emoción y espiritualidad nos constituyen.
Nuestra perspectiva nos ha llevado a pensar separadamente: pensamos en las enfermedades que nos atacan, en las alegrías o tristezas de nuestra vida y en Dios para los momentos de gran sufrimiento, donde la vida nos enfrenta a fuertes y profundas experiencias. Las resolvemos donde y como podemos...
Y, ¿si nos abrimos a otra perspectiva?
Aquella de mirarnos como seres humanos que integramos todos los aspectos en nosotros mismos y que aceptamos que la fortaleza está en nuestro corazón en vez de en nuestra mente ordenada y evolucionada.
Podemos hacer conciencia de que la posibilidad de crecimiento y desarrollo personales nace de la capacidad de aprender a amarse, a comprenderse íntimamente para poder entregarse a los demás auténtica y libremente.
Aceptarnos como parte de la naturaleza, mezclados con ella, con cada río, con cada ser que vive y respira, ¿sería todo lo mismo?
Concebir a nuestro cuerpo como el vehículo por el cual se hace visible nuestro interior, como la "unidad ejecutora", haria que lo tratáramos con respeto, entregándole lo que necesita: buena alimentación, ejercicio y descanso.
Podríamos salir a la naturaleza, al sol a ejercitarnos como siempre, o a caminar por vez primera, sintiendo, en vez de pensar, "yo soy parte de esto y por algo estoy aquí", ese algo en nuestro corazón será siempre más que "fulano de tal, empleado o jefe de..."
Podríamos dedicar unos minutos a estar con nosotros mismos, respirar profunda y pausadamente, llevando la mente hacia la respiración primero, para que la cuide, la vigile y luego hacia el corazón, sin letanías, sin responsabilidades, solo con amor.
Quizá encontraríamos que nuestro corazón tiene mucho más que decirnos de lo que nosotros creemos. Lograrlo depende de nosotros mismos, de nuestra apertura y voluntad sincera para mirarnos y mirar al mundo desde adentro.
"Nuestro corazón sabe rápidamente lo que nuestra mente averigua con el tiempo".
No hay comentarios:
Publicar un comentario